martes, 7 de junio de 2016

SOBRE SORORIDAD Y VÍNCULO FEMENINO A LA NATURALEZA: una invitación de Cambiar Huesca



El pasado 2 de junio, todas las personas integrantes de CAMBIAR HUESCA recibimos la siguiente convocatoria:
"Buenos días. Os informo de la actividad que se organiza desde la Concejalía de Igualdad-Diversidad-Migraciones y Cooperación del Ayuntamiento de Huesca, esta tarde a las 16:30h en el parque del Encuentro, una "GYNKANA ECOFEMINISTA", es una actividad pensada para mujeres, y estará dinamizada por Alicia Gallán que nos ha invitado a participar, os adjunto la invitación.
Un saludo y a las que os animéis, allí nos vemos.


Queridas mujeres! Os escribo para invitaros a participar en la I Gynkana Ecofeminista en Huesca. Tendrá lugar mañana en El Parque del Encuentro, situado junto a los pinares del Hospital Provincial. Comenzará a las 16:30 h y terminará a las 18:00 h. 
Está organizada por la Concejalía de Igualdad-Diversidad-Migraciones y Cooperación del Ayuntamiento de Huesca. Tendré el honor de facilitar la actividad para que todas disfrutemos. 
El objetivo es reunirnos para profundizar en el significado del concepto "Ecofeminista" y divertirnos mediante juegos y pruebas.
Hemos preparado una serie de cuestiones para hacernos conscientes de cuánto sabemos sobre los ciclos de la naturaleza y los de nuestro cuerpo femenino. Habrá momento para bailar, reir, reflexionar, cantar y crear....... en sororidad.
Además he preparado un regalito para cada mujer que venga a participar. Es algo sencillo que irá adquiriendo el significado de regalo a lo largo de la Gynkana.
Estoy muy entusiasmada con todos los preparativos y estoy convencida de que nos iremos satisfechas del tiempo compartido entre mujeres.
Un abrazo para cada una y ojalá que mañana nos encontremos en el Parque del Encuentro.
A.G."


Primero, me llamó la atención que esa convocatoria que hemos recibido todas las integrantes del censo de CH nos invitara a participar en una "actividad pensada para mujeres". 
No quiero creer que los hombres estén excluidos en esa actividad (de la misma manera que no lo estaría quien no tuviese un huerto al ser invitado a una "actividad pensada para personas que cultiven un huerto": y es que tod@s, sin ser hortelan@s, podríamos aprender –es por ese razonamiento que no me he sentido excluido de la convocatoria).
Diferente efecto me ha producido no obstante el texto de la invitación, ya que en él se matizaba que la actividad se desarrollaría "en sororidad", y que trataría "sobre los ciclos de la naturaleza y los de nuestro cuerpo femenino"
Con esto considero que ya quedaba claro que la parte masculina del censo quedaba si no excluida, débilmente invitada. Y ello porque esa invitación daba por sentado que los hombres no pueden acceder al saber sobre "(nuestro) cuerpo femenino", y que de ahí que el asunto se tratase "en sororidad". 
Yo entiendo por 'sororidad' el encuentro específico y exclusivo entre mujeres –del que los hombres, a priori, están excluidos. Pero, para estar más seguro del alcance semántico y antropológico del término, he indagado un poquito acerca del concepto.
La antropóloga mexicana Marcela Lagarde pasa por ser una de las mayores especialistas de la Sororidad en nuestros días. Copio algunos de los postulados planteados tanto en su libro La política de las mujeres como en "Enemistad y sororidad: Hacia una nueva cultura feminista":
- la Sororidad es una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo;
- enuncia los principios ético políticos de equivalencia y relación paritaria entre mujeres;
- alianza entre mujeres, propicia la confianza, el reconocimiento recíproco de la autoridad y el apoyo;
- experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y la alianza existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y al empoderamiento vital de cada mujer;
- solidaridad femenina, que ha existido siempre, tanto para compartir conocimientos sobre crianza o salud reproductiva como para educar a los hijos, sacar adelante a la sociedad mientras los hombres estaban en la guerra o compartir libros prohibidos para las mujeres;
- solidaridad transformadora para defenderse, apoyarse y luchar contra el patriarcado, conscientes de la existencia de una discriminación y de unos problemas compartidos por el hecho de ser mujeres;
- apela también a una espiritualidad propia de las mujeres y a la búsqueda de espacios comunes;
- al valor otorgado a la racionalidad, incorporamos el valor de nuestra irracionalidad;
- desde su parcialidad, el feminismo anticipa la necesaria visión sobre la condición masculina que aún no emerge de los hombres, en tanto género que no puede reivindicarse más como estereotipo de lo humano.

Creo que los planteamientos de la Dra Lagarde se enmarcan en la corriente que algun@s teóric@s han calificado como "feminismo de la diferencia" (del que Luce Irigaray es una de las pensadoras seminales y el colectivo de la Librería de Mujeres de Milán uno de sus más seguros abanderados).

Dicho esto, ¿caben planteamientos sobre la diferencia entre los géneros en una plataforma como CAMBIAR HUESCA? Para cerciorarme, he consultado el programa electoral.

Desde luego, en ningún momento se promueve en ese programa la diferencia hombres-mujeres; más bien, se aboga en él por todo lo contrario:
"el discurso de la sostenibilidad, como el de la igualdad o el de la participación ciudadana, es un discurso transversal que nace en el núcleo de cada bloque programático y que crece conceptualmente, abarcándolo todo": es decir, que la igualdad tiñe todo el programa y se convierte en un planteamiento ideológico.
Por otra parte, y en materia de participación, se propone: "plantear acciones de sensibilización sobre altermundialismo, de forma que se apoye y promuevan los movimientos juveniles identificados con los valores de igualdad, solidaridad y justicia, comprometidos por una nueva globalización justa y solidaria".
En cuanto a los principios que vertebran los servicios sociales, se plantea en el programa "fomentar la igualdad de derechos en todos los ámbitos".
Y, ya para terminar, en el apartado sobre Igualdad en materia de Género, se plantea "crear escuelas y talleres de empoderamiento real" ('subrayando 'empoderamiento').

Es decir, que CAMBIAR HUESCA no se plantea la igualdad en términos de diferencia, ni en términos de compartimentación de la sociedad –sino más bien todo lo contrario: la igualdad es transversal y no parece tener cabida ningún planteamiento que abogue por la exclusión de una parte de la sociedad.

Podría llegarse a argumentar que este tipo de actividades es necesario para fomentar el "empoderamiento real" de las mujeres –como si se partiera de la base de que éste sólo puede desarrollarse en ausencia completa de hombres. Y es que hay quien asegura que basta con la presencia de un solo hombre para que algunas mujeres ya no se atrevan a levantar la mano para tomar la palabra: ¿de verdad que esta actividad se plantea ese tipo de "empoderamiento"? Yo no lo creo, y pienso que en todo ello subyacen dos apriorismos.

1) el apriorismo de que toda actividad propuesta por y para mujeres ha de ser necesariamente positiva y emancipadora;
2) el apriorismo de que todas las mujeres, por el hecho de serlo, forman una comunidad aparte, hecha de sentimientos y experiencias de los que, por su misma naturaleza, están excluidos los hombres.

El primero de estos apriorismos es fácilmente rebatible a poco que nos paremos a pensar en el alcance emancipador y de "empoderamiento real" que podría tener un taller sólo destinado a mujeres y centrado en, por ejemplo, el uso de la cuchara de madera en la cocina.
Creo que el segundo es más profundo y responde a unas ideas de base que pueden tener un fondo poco recomendable para quien se proponga fomentar la igualdad real entre hombres y mujeres. Ese fondo no es otro que suponer que las mujeres, por el simple hecho de serlo, tienen un conocimiento de primera mano y privilegiado "sobre los ciclos de la naturaleza" –del que los hombres, además, estarían incapacitados o tendrían dificultades para acceder.

Considero que esa idea es negativa no sólo para los hombres (a quienes se les está diciendo que no pueden comprender nada que tenga que ver con la naturaleza), sino, sobre todo, y en mi humilde opinión, para las propias mujeres.

Es necesario preguntarse pues por los motivos que llevan a pensar a algunas personas que las mujeres, a diferencia de los hombres, tienen un vínculo especial con la naturaleza.

Algunas manifestaciones del ecofeminismo afirman que ese vínculo especial entre naturaleza y mujeres no se debe a que existan características afectivas o cognitivas propias de su sexo; sería más bien el trabajo de las mujeres en el cuidado del huerto o en la recogida de leña lo que favorecería su conciencia ecológica. Pero, claro, Bina Agarwal, que es quien lo afirma, se refiere a una sociedad terriblemente compartimentada en la que son exclusivamente las mujeres quienes se ocupan de las labores agrícolas –por lo que no es extrapolable a nuestra sociedad, en la que esas labores son mayoritariamente atribuidas a los hombres.1

Cabe por lo tanto atribuirlo a otro tipo de fundamento, que es el que pretende establecer una dicotomía esencial entre hombres y mujeres, cediéndoles a ellos el terreno de la Cultura y dejándoles a ellas el imperio de la Naturaleza. Y es en este discurso Cultura vs. Naturaleza donde se han dirimido muchos de los planteamientos ideológicos del feminismo contemporáneo y las disensiones entre el feminismo de la igualdad (o ilustrado) y el feminismo de la diferencia.

El pretendido vínculo especial de las mujeres con la naturaleza provendría, posiblemente, de la capacidad femenina de dar la vida y engendrar –algo de lo que, desde luego, los hombres están excluidos por su biología. Es entonces la biología, el cuerpo biológico el que establece la separación entre unos y otras, creando por ello mismo una diferencia esencial y, por lo tanto, irrebatible.

Si los hombres y las mujeres difieren ontológicamente por motivo de su cuerpo, es posible pensar que esa diferencia sea capaz de generar distintas cosmovisiones (el vínculo natural provocaría esa diferencia), lo que podría llegar a justificar la división de roles y funciones por géneros.

Si es la biología, si es el cuerpo el único destino de las mujeres, se está dando por sentado que corresponden al hombre el trabajo cotidiano así como la construcción de herramientas, muebles e inmuebles (lo cultural). Como si la diferencia fundamental fuese que a las mujeres les bastase con "ser", mientras que los hombres necesitasen "hacer" para realizarse como personas.

Algunas pensadoras feministas se oponen a esta diferenciación sexual por ser esencialista. Así, la francesa Monique Wittig (de la que nos habló no hace mucho en Huesca la también feminista Elvira Burgos) pensaba que si se establecía la función social de las mujeres sobre su biología se estaba contribuyendo a que sus cuerpos fueran considerados únicamente como maternales.2 De esa manera se da una visión reaccionaria de la sexualidad (pues se sugiere que su único cometido sea reproductivo), se limitan las relaciones a una obligatoria heterosexualidad (con lo que se deja fuera de la etiqueta 'mujer' a las lesbianas) y, sobre todo, es excluyente al dejar fuera de esa misma categoría a todas aquéllas que por elección o imposibilidad no sean madres.

La oposición al biologismo es una constante en el feminismo clásico. Así Simone de Beauvoir, al afirmar que "una no nace mujer, sino que se convierte en mujer" ("on ne naît pas femme, on le devient"), sugería que no es la biología la que crea los géneros, sino una enorme serie de mandatos sociales que obligan a las mujeres a comportarse de una manera y a los hombres de comportarse de esta otra. 

Judith Butler ampliará esta idea afirmando que hombres y mujeres no son más que constructos sociales, parodias, y, por lo tanto, etiquetas que sólo pretenden definir a las personas en función de ese mandato cultural que pretende instaurar una especie de heterosexualidad obligatoria. Por otra parte, afirmaba la pensadora estadounidense (de la que también, y sobre todo, nos habló Elvira Burgos) que esas limitaciones genéricas son indeseables por el simple hecho de que dejan fuera a todas las personas que construyen su identidad de manera alternativa a la que dictan los cuerpos –más concretamente, los LGTB.

Butler coincidía con Beauvoir en que el cuerpo de las mujeres no debía ser "una esencia definidora y limitante"3, y que "el género debería ser derrocado" ya que "siempre es un signo de subordinación de la mujer".4 Abanderada de la igualdad, Beauvoir afirmaba que "para ser un individuo completo, es necesario que la mujer acceda al mundo masculino de la misma manera que el macho al mundo feminino"5 –por lo que cabe pensar que la pensadora francesa habría rechazado este tipo de prácticas en sororidad. Y es que consideraba ella que las mujeres "nunca han opuesto a los valores masculinos los valores femeninos", ya que "son los hombres que pretenden conservar sus prerrogativas masculinas quienes inventaron esa división".6

Por consiguiente, Beauvoir podría pensar que podría resultar reaccionario ese alegato de una feminidad diferente a la masculinidad en los valores y principios humanos. No parece desear para sus hermanas que su proyecto vital se centre y se limite en la maternidad (la capacidad biológica de engendrar que únicamente le distingue del varón), sino que el fundamento vital que separa a ambos de la animalidad debería ser el mismo. "No es dando la vida, sino arriesgando su vida como el Hombre se eleva por encima del animal (...) La maldición (de la mujer) es haber sido destinada biológicamente a dar la vida".7

Lo contrario es identificar a las mujeres con la naturaleza, estableciendo un vínculo especial con la tierra que provoca que en determinadas comunidades se le confíe los trabajos agrícolas (como en el caso descrito por Agarwal): las mujeres tendrían una especie de poder mágico que concedería la capacidad y "el poder de hacer crecer los frutos y las espigas"...8

La psicoanalista heterodoxa Nancy Chodorow consideraba que "el ejercicio maternal de las mujeres es un rasgo definitorio y central de la organización sexual social y está implicado en la construcción y en la reproducción del mismo dominio masculino".9

Son varias pues las voces que destacan el papel claramente reaccionario y amplificador del dominio masculino sobre las mujeres que tendría este tipo de actividades centradas en subrayar el vínculo femenino con la tierra, su biología como proyecto y su animalidad como fin.

El problema se halla, en opinión de Elvira Burgos en el mismo Feminismo de la diferencia, "si la afirmación de la diferencia, ya se postule fundada en la psicología, en la anatomía, en la biología, no esconde tras de sí inevitablemente un postulado esencialista". Y continúa sugiriendo que "parece que este feminismo mantenga inalterado el esquema de pensamiento desigualitario que ya criticaron los feminismos de la igualdad". Propone la pensadora "romper con el esquema dual hombre-mujer para liberar otro modo de pensar, y de romper este esquema bajo el signo 'mujer'".10

La afirmación de la diferencia, pues, podría fomentar la desigualdad convirtiéndose de esa manera en un aliado del mismo antropocentrismo que dice pretender desbancar.

El ecofeminismo, que en sus orígenes aseguraba la existencia de ese vínculo primigenio entre lo femenino y la naturaleza, sugería que la dominación masculina se extendía tanto a las mujeres como a la naturaleza –y que, por consiguiente, la liberación de ambas estaba íntimamente relacionada, como afirmaba Vandana Shiva, una de sus primeras valedoras. De ahí que proliferen las expresiones con las que se feminiza la naturaleza y se "naturaliza" a las mujeres: respetar a la "madre Tierra" es respetar a la madre que tod@s tenemos; respetar a ésta conllevará a cuidar de aquélla.

Sin embargo, las formulaciones más modernas del ecofeminismo tienden a interpretar esa equiparación mujeres-naturaleza como un elemento que "refleja y perpetúa la dominación e inferiorización de ambas, ya que no entiende que estas dominaciones gemelas de la mujer y de la naturaleza (incluyendo a los animales) son en realidad (y no en sentido figurado) culturalmente análogas" –como afirma la pensadora Karen Warren. Y, por consiguiente, asegura que "uno de los objetivos del ecologismo feminista es desarrollar unas teoría y práctica feministas que no perpetúen este lenguaje ni los sistemas de poder y dominación que sustenta." Concluye para señalar el efecto perverso que pueden encerrar esas prácticas: "la histórica asociación genérico-sexual de la mujer con la emoción, el cuerpo y la naturaleza deben ser reexaminada y poder así desvelar su inclinación machista."11

Excluyentes, reaccionarias, colaboradoras del patriarcado, desigualitarias, machistas...: las actividades tendentes a afirmar ese pretendido vínculo primigenio y privilegiado de las mujeres con la naturaleza, gracias a su posibilidad de dar la vida, no deberían caber en las propuestas de las mujeres que conciben que los principios de género y las divisiones en el seno de la humanidad no son más que construcciones interesadas del patriarcado, cuyo fin es mantener su dominio ontológico sobre las mujeres, excluyendo de paso al colectivo LGTB.

Y, por consiguiente, impropio es también, a mi entender, de una formación política que, como CAMBIAR HUESCA, se plantea la igualdad como un planteamiento ideológico transversal.

Y es que no es precisamente con actividades de este tipo con las que avanzaremos en la derrocación del patriarcado; las mujeres no deben hacerlo ellas solamente, porque contra el patriarcado estamos tod@s: ellas, para salir del sometimiento que les inflige nuestra sociedad antropocéntrica, que pretende mantenerlas en la niñez, en la incapacidad y en la sujeción a sus cuerpos; ellos, para que ser hombre no conlleve tener que esforzarse para dominar a las mujeres, para poder ser hombre de una manera no impositiva ni arrogante, comprendiendo y aceptando las propias emociones no como una tara sino como el fundamento mismo de la inteligencia humana. Como dice Alicia Puleo, "nuestra autoconciencia como especie humana ha de avanzar hacia la igualdad de hombres y mujeres en tanto partícipes no sólo de la Cultura, sino también de la Naturaleza".12

Es, pues, de agradecer que haya personas que organicen actividades conducentes a tomar conciencia o a la sensibilización. Pero..., no todas las actividades son aceptables desde una perspectiva igualitaria y emancipadora.


Por otra parte, desearía hacer una aproximación a algunas manifestaciones de ese feminismo de la diferencia que me han parecido más peligrosas, más perversas y, por lo tanto, menos conducentes a una emancipación real de las mujeres.

Se trata de la Librería de Mujeres de Milán, en torno a la figura "matricial" de Luisa Muraro, y de Milagros Rivera-Garreta, su mejor valedora en nuestro país.

Decían las Mujeres de Milán que "la igualdad es una gran idea cívica, pero no es el deseo de nadie" ya que "la diferencia sexual es (...) irreductible, porque es una diferencia del cuerpo en su insuperable opacidad".13 La diferencia es, pues, un planteamiento necesario debido a esa irreductibilidad de la identidad al cuerpo.

Pero no está en ello lo negativo, sino que pretenden estas pensadoras que asumir la diferencia en un mundo establecido en torno a la distinción hombres-mujeres significa asumir el papel de sujetos sumisos al poder masculino. Milagros Rivera llegará a decir que "en este sentido éramos víctimas y no podíamos dejar de serlo fácilmente, porque, sin la identidad de la víctima, temíamos quedarnos con las manos vacías".14

De ahí que en ocasiones hayan llegado a defender la idea de que no es necesario denunciar los casos de violencia machista, ya que está en la propia identidad de las mujeres ser víctima de los ataques de los hombres. En otro libro, Milgaros Rivera canta a "la gran dignidad de una mujer maltratada: su ofrecerse, su ofrendarse, a mantener viva la memoria del vínculo, de su amor al vínculo. Y hacerlo en un mundo empequeñecido por un entender la libertad como libertad individual".15 Y sigue animando a las mujeres a soportar los golpes de sus compañeros porque no hay nada como saber mantener el vínculo:

"La madre que arriesga la vida cada vez que regresa a casa de un cóctel en una embajada o de una cena de negocios, con su marido conduciendo a lo loco porque ha bebido y está celoso o nervioso, comparte algo grande con la mujer que aguanta las palizas de un marido violento mientras espera a que sus hijas e hijos se hagan mayores. Este algo es la sabiduría de que la relación (incluso) con ese hombre es todavía necesaria para sacar adelante el proyecto de vida en el que ella un día se embarcó."16

Ante la perversidad de esos planteamientos se elevó la voz de una feminista de izquierdas, Rosa Cobo, del PCE. En “Democracia paritaria y radicalización de la igualdad”, la comunista comentaba en qué consistía ese feminismo de la diferencia: "afirmar la identidad de lo femenino. Esencializar, por tanto, la propia identidad", siendo eso, a juicio de Cobo, "incompatible con la reivindicación de derechos".17

Por eso propone ella que más que propugnar una identidad femenina, haya que fomentar una identidad feminista, siendo ésta "el fundamento de las lucha contra la opresión, pero nunca como el enquistamiento en la diferencia o la exaltación de una esencia".18 Y, aún así, no hay que dejar de aspirar a la universalidad, a lo que podría llamarse "humanismo de las personas" (como deseaba Wittig) al que habría que llegar tras el advenimiento de una verdadera igualdad entre los géneros:
"un movimiento emancipador y vindicativo tiene que construirse una identidad contingente, afirmarla hasta que se conquisten los derechos de los individuos de ese colectivo y, al mismo tiempo, tiene que negar ontológicamente esa identidad si aspira a la realización de la universalidad."19

Tal vez ése sea el objetivo que deberíamos marcarnos: constuir una identidad feminista que abogue por alcanzar una verdadera igualdad que permitiera en el futuro, a su vez, abandonar el feminismo y centrarse, por fin, en un verdadero humanismo de la persona.






1 En PULEO, Alicia H. (2002), “Feminismo y ecología. Un repaso a las diversas corrientes del ecofeminismo"” en El Ecologista nº31, verano 2002, Pp. 36-39. Ecologistas en Acción. Madrid, 2002, p.38.


2 Comentado en BUTLER, Judith, El Género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Paidós. México 2001. 193 págs, p.52.


3 BUTLER, Judith, El Género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Paidós. México 2001. 193 págs, p.45.


4 Ídem, p.14.


5 El segundo sexo, volumen 2, "La experiencia vivida". Yo lo he sacado y traducido de BEAUVOIR, Simone de (1949), Le deuxième Sexe, Vol.II “L’Expérience vécue“, Gallimard Folio. Paris 1949 et 1976, p.603.


6 Ídem, Vol.I “Les Faits et les Mythes", p.116


7 Ibídem, p.115.


8 Ibíd., p.118.


9 En CHODOROW, Nancy (1978), El Ejercicio de la maternidad. Psicoanálisis y sociología de la maternidad y paternidad en la crianza de los hijos, trad. de Óscar L. Molina Sierralta, Gedisa, Barcelona, 1984, p.21.






10 En BURGOS, Elvira (1997), “Discurso filosófico. Discurso literario. Discurso feminista”, en IBEAS, Nieves y MILLÁN, MªÁngeles (eds.) La Conjura del olvido. Escritura y feminismo. Icaria Antrazyt. Barcelona, 1997, pp.263, 264 y 266 respectivamente.


11 En WARREN, Karen J., "Introducción. Filosofías ecofeministas: una mirada general", en WARREN, Karen J. (ed.), Filosofías ecofeministas, trad. de Soeldad Lorenzo, Icaria, Barcelona, 2003, pp. 20 y 23.


12 En PULEO, Alicia H. (2002), “Feminismo y ecología. Un repaso a las diversas corrientes del ecofeminismo"” en El Ecologista nº31, verano 2002, Pp. 36-39. Ecologistas en Acción. Madrid, 2002, p.39.


13 En LIBRERÍA DE MUJERES DE MILÁN (col.) “Fin del patriarcado. Ha ocurrido y no por casualidad” en El Viejo Topo nº 96. Trad. Mª Milagos Riverra Garreta. Barcelona, 1996, pp.54 y 51.


14 En RIVERA GARRETA, María-Milagros, El Fraude de la igualdad. Los grandes desafíos del feminismo hoy. Planeta. Barcelona, 1997, p.17.


15 En RIVERA GARRETA, María-Milagros (2001), Mujeres en relación. Feminismo 1970-2000. Icaria Más Madera. Barcelona, 2003 (2ª edición), p.37.


16 Ídem, p.36.


17 COBO, Rosa, “Democracia paritaria y radicalización de la igualdad” in Utopías, nuestra bandera nº 195, “Feminismos”. PCE. Madrid, 2003, p.19


18 Ídem, p.23.



19 Ibídem.

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